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ATP Tour

ITF World Tennis Tour — Una Leccion Aprendida

Tennis Accent Staff

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Aaron Doster - USA TODAY Sports

By CARLOS NAVARRO — @TheMagician5GS

REPORTE ESPECIAL, TENNIS WITH AN ACCENT

Érase una vez una historia de codicia y poder. De héroes anónimos que se unieron para poner remedio a una injusticia. De gente luchadora a quienes se les estaba arrebatando, poco a poco, la oportunidad de cumplir sus sueños.

Del tenis siempre se ha dicho que es un deporte elitista. En cierto modo, lo es. La cantidad de dinero que se necesita para triunfar es insana, la búsqueda de patrocinadores o padrinos desde una edad temprana es esencial para relanzar tu carrera, y la posición global del deporte, donde has de viajar por todo el mundo para poder conseguir puntos, requiere de unos gastos increíbles. Por eso, en esta historia no ayuda nada que los ‘villanos’ sean aquellos que, en teoría, deben facilitar tu camino.

La historia del ITF World Tennis Tour duró poco más de medio año. Fue corta pero intensa. Y el tenis debe recordarla para no volver a cometer errores.

 

Parte I – El inicio

A mediados de noviembre de 2018, la historia comenzaba a materializarse. La ITF mandó una nota informativa a través de un correo en la que confirmaba el nacimiento del ITF World Tennis Tour, que en las primeras conversaciones fue llamado Transition Tour. Aquí comienza un primer problema de índole comunicativa: los jugadores habían sido consultados acerca de diferentes temas de interés a través de encuestas, pero nunca fueron plenamente informados de que lo que se estaba gestando era una nueva ruta que revolucionaría el escalón más bajo.

El tenis es como una pirámide. En el top está una élite reducida que se permite vivir de este deporte. Son los mejores, pero no son muchos. Si miramos más allá, el eslabón inicial se compone de una ingente cantidad de jugadores. Por primera vez en la historia de cualquier deporte, el tenis trataba de reducir el último escalón de la pirámide. Estaban haciendo un filtro en toda regla. ¿Cómo?

La respuesta es simple. Esta historia parte de una máxima: tratar de hacer que todos los tenistas se convirtiesen en profesionales. Es decir: que aquellos que juegan al tenis tengan la capacidad económica suficiente para vivir de aquello a lo que se dedican. Esta premisa, desde el principio, es un paso atrás y nace de un error de concepto: sí, el 750 del mundo también es un tenista profesional. Lo es porque, a pesar de perder dinero, viaja por todo el mundo con una ocupación. Lo es porque dedica su tiempo y rutinas, con mayor o menor éxito, a desarrollar una actividad. Y no: los tenistas no iban a convertirse en profesionales de la noche a la mañana.

Sin embargo, para la ITF sí existía esta posibilidad. Y podía convertirse en real a través de varios cambios. Los más destacados eran:

La creación de un nuevo ranking alternativo al ranking ATP: el ranking ITF. Operaría de forma paralela, y los torneos Challenger tendrían varias plazas reservadas para los mejores de ese ranking. Los torneos Futures de 15,000$ dejan de aportar puntos ATP; los torneos de 25,000$ solo dan puntos a finalista y ganador.

Las qualies de los Futures pasarían a ser de 24 jugadores, cuando antes podían llegar a ser hasta de 128, con el objetivo de que los jugadores no tuviesen que disputar más de un partido en el mismo día de competición.

5 jugadores junior tendrían plazas reservadas en los torneos Futures para hacer más sencilla su transición al profesionalismo.

Los partidos de previa pasarían a disputarse con un super tie-break en el tercer set.

 

Parte II – El desarrollo

Con todos estos cambios aprobados, comenzaba una nueva revolución en el mundo del tenis. El ranking ATP pasaba a estar formado por 750 tenistas aproximadamente. Más de 1000 tenistas que peleaban por su puesto a través de las previas de qualies veían como su nombre quedaba borrado de la clasificación. Ya no eran tenistas profesionales. Solo figuraban como tenistas de segunda división, con puntos en el ranking ITF que ni tan siquiera les aseguraba poder pelear por puntos ATP.

Es aquí donde debemos pararnos a analizar los cambios. O, al menos, si los objetivos marcados por la ITF eran cumplidos o no.

En primer lugar, el objetivo de reducir gastos en cuanto a logística (menos jugadores que disputan previa) en los Futures debía ayudar a que aumentase el número de torneos por todo el circuito. Lo que ocurrió fue todo lo contrario. Durante los tres primeros meses del año 2019, se disputaron 97 torneos Futures a lo largo del globo (muchos de ellos en semanas consecutivas en el mismo resort). En el mismo periodo de tiempo durante 2018 se disputaron 114 Futures. Es decir, los jugadores veían como no solo tenían menos oportunidades para entrar en un cuadro principal; también menos torneos para hacerlo.

Ante esto, la solución de muchos de estos torneos, ahogados por la situación y los nuevos cambios, fue dar cobijo al resto de jugadores de otro modo: a través de las famosas pre-qualys, torneos en los que los jugadores pagaban una renta y que otorgaban una WC… ¡para la fase previa! La ITF acabó regulando lo que se convertía en un auténtico negocio de extorsión y corrupción, ya que muchos resorts organizaban estos torneos y solo permitían disputarlos si los tenistas se alojaban en el hotel oficial (money talks…)

Por otro lado, durante los primeros cinco meses solo uno de los jugadores juniors que entró en el cuadro a través de las plazas especiales de la ITF consiguió alzarse con un título: la forma de facilitar su transición no estaba resultando efectiva.

Además, la falta de nuevas plazas en torneos ITF creó un embudo que desembocó en la solución más lógica: muchos tenistas dejaron de jugar al tenis. Antiguos jugadores que rondaban la posición #1000 no tenían dónde competir: se encontraron con menos plazas y menos torneos. No solo los tenistas con el ranking más bajo se vieron atrapados: se creó un espacio de limbo en algunos tenistas situados entre el 350 y el 500 del ranking.

¿A qué se debe esto? Todo aquel tenista que se hubiese dedicado durante 2018 a competir en previas de Challengers, desechando los Futures, se veía con una cantidad muy baja de puntos ITF. No solo eso: su ranking ATP no era lo suficientemente alto para disputar Challengers aún, y como guinda del pastel… las previas de Challengers pasaron a ser (y todavía son) de 4 jugadores. Esto no es culpa de la ITF, puesto que no es su circuito, pero su falta de planificación y comunicación para coordinar cambios tan esenciales con la ATP demuestra negligencia y un desinterés por la situación de los jugadores absolutamente vergonzoso.

 

Parte III – La unión

Un ejemplo perfecto es el de Jared Hiltzik. El tenista americano solo disputó en la primera mitad de temporada ocho torneos de categoría Challenger, todos aquellos en los que pudo entrar. ¿Merecía la pena, después de no pisar los Futures en mucho tiempo, volver ahí para… no ganar ningún punto ATP?

Jugadores como él se encontraban en una encrucijada. El World Tennis Tour demandaba un esfuerzo sobrehumano a los tenistas que quisieran llegar a las plazas más altas del Ranking ITF y, por tanto, asegurar un cupo en los Challengers (la única forma de tener una posibilidad de alcanzar puntos ATP). La movilidad era nula. Veíamos a los mismos tenistas ocupar las posiciones reservadas mes sí y mes también, ya que les bastaba con los puntos ganados en 2018. Prácticamente debías estar tres meses ganando Futures para poder asegurar esas plazas. Caso, por ejemplo, del argentino Francisco Cerundolo, que tuvo que ganar 4 (!) torneos Futures (3 M15 y 1 M25) para poder acceder a los puestos de privilegio que reservan plaza en los Challengers. Seis meses de sacrificio máximo que, más tarde, te obligan a tener un desempeño mínimamente decente en el siguiente escalón para quedar establecido ahí (en 2020, en teoría, los puntos ITF se hubiesen descontado. Imaginen volver a jugar todo el circuito de nuevo…)

Volvamos al caso de Hiltzik, porque su caso es especialmente reseñable y sus palabras respaldan la presencia de un limbo en el circuito. “Es muy duro. Estoy jugando mi mejor tenis y estoy 350 del mundo, sin poder jugar Challengers. En este punto de mi carrera, ¿merece la pena jugar Futures? ¿O simplemente le estoy quitando oportunidades a los jugadores que están empezando?

El corte medio en los Challengers está en el 344 del mundo. Para que yo pase del 355 al 344 necesito 15 puntos. Para saltar esos 11 puestos tendría que ganar cinco torneos 25,000$ (25 partidos en total) o ganar tres rondas de Challenger”.

Pero no solo su testimonio impresiona. También el de la otra cara, esos jugadores que, directamente, se han quedado sin oportunidades. Uno de ellos es el de Bruno Mardones, que llegó a estar dentro del top-1400 antes de decidir dejar de jugar torneos profesionales.

“Los que estamos entre el 1200 y el 1800, con el nuevo sistema, tenemos un 0,00002% de posibilidades de ser tenistas. Si se hubiesen mantenido la dimensión de las previas de los Challengers, este problema se hubiese reducido un montón. Ahora estás quitando un montón de huecos de entre 80, 90 jugadores que se atrevían a jugar Challengers situados entre el 300 y el 500. Todo eso quita huecos a los que estamos más allá del 1000, y ya no te digo nada del pobre chaval de 15 años que quiera intentarlo. No puede, no hay manera de coger rodaje”.

¿Se imaginan a todo un prodigio como Felix-Auger Aliassime sin huecos para poder disputar un torneo Futures? ¿Un chaval de maduración tardía sin el dinero suficiente para hacer una gira por diferentes países? Si todo eso era un problema, ahora se multiplicaba por 1000.

Y, por todo ello, la gente reaccionó. El 15 de marzo de 2019 marcó un nuevo comienzo. Juan Pablo Paz, tenista argentino que llegó a ser top-350, colgaba un vídeo en Twitter realizado en Túnez. Muchos jugadores gritaban una simple consigna: estamos aquí reunidos porque queremos salvar el tenis. Queremos una solución.

Esas reuniones fueron haciéndose cada vez más grandes. Cada vez más multitudinarias. Se propagaron y ramificaron en grupos de Facebook o en peticiones por Change.org. Cada vez más tenistas se sumaban. Llegaban vídeos de apoyo de personalidades como Toni Nadal, tweets de apoyo de tenistas top que sabían por lo que muchos estaban pasando. Los jugadores solo necesitaban un enlace con los grandes mandatarios que toman las decisiones y ese fue Dirk Hordorff, miembro de la Federación Alemana y exentrenador de Schuettler o Tipsarevic. Dirk apoyó todas las demandas de los jugadores, transmitidas a los altos puestos de la ITF.

Los cambios empezaron a ser progresivos. Las previas de Futures, por ejemplo, se ampliaron. Pero seguía sin ser suficiente. Los jugadores no dejaron de luchar y la presión social, a medida que la bola se hacía más grande, instaba a la ITF a tomar decisiones. El mundo del tenis estaba en contra.

 

Parte IV – El final

Esta historia está lejos de tener un final feliz. Fue un final precipitado y casi encubierto. 23 de mayo, 18:42. La ITF anuncia el final de los cambios ejecutados a inicios de año, la vuelta al único ranking y que los puntos conseguidos en Futures tendrán su equivalencia en sus correspondientes puntos ATP a partir de agosto. Todo volvía al inicio…

Solo 3 minutos antes del sorteo del cuadro de Roland Garros. Desde la clandestinidad, con el mundo del tenis mirando a otro lado. La gente no debía saber nada, y todo después de hacer perder un año de tenis a muchísimos jugadores que plantearon un calendario que de nada acabaría sirviendo.

No se confundan. El final del ITF World Tennis Tour es un mal menor. La victoria no reside en volver a lo anterior, sino en el precedente que se acaba de crear en el tenis. En pocas ocasiones David puede vencer a Goliat; en pocas ocasiones es la presión de los jugadores más humildes la que hace titubear a los mayores organismos de nuestro deporte.

Ellos quieren que esto se quede en anécdota, en un experimento que no salió bien. Los jugadores seguirán sufriendo, perdiendo dinero por perseguir su sueño, pero ya ven su nombre en el ranking ATP. Podrán contárselo a sus nietos con una sonrisa. No son menos profesionales que un top-20. Y, lo más importante, hicieron que un gigante diese vuelta atrás.

No es un final feliz. Es una lección aprendida. Mejor quedarse con eso.

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