Connect with us

RG18

Simona celebra entre sonrisas y lágrimas

Saqib Ali

Published

on

by

Matt Zemek

Sube montañas

Mil caminos hay

Sigue el arcoíris

Tu sueño encontrarás

Esa es la letra de “Sube Montañas”, una canción de la banda sonora del clásico musical “Sonrisas y Lágrimas”. Usted dirá que es una letra sensiblera y cursi. O tal vez diga que se ajusta más a un drama de Hollywood. Incluso podrá decir que es un poco exagerada.

Pero así fue el campeonato de Roland Garros de Simona Halep, quien venció este sábado a la estadounidense Sloane Stephens en la cancha central Philippe Chatrier de París.

¿Fue la táctica irrelevante en este partido? No. Como mi colega de Tennis with an Accent, Briana Foust, escribirá en su artículo sobre la derrota de Stephens, hubo ciertos cambios y ajustes tácticos (algunos hechos por Halep; otros no hechos por Stephens) que influyeron en este partido y en cómo cambió el rumbo del mismo. Halep modificó su juego en situaciones importantes para encontrar un camino hacia la victoria en un día lleno de emociones en Francia.

Sin embargo, aunque la táctica tuvo un lugar en este partido e influyó en el resultado, desempeñó un papel secundario ante un aspecto mucho más trascendental y determinante: ¿Conseguiría Simona Halep –en mente, cuerpo y alma– hacerle sentir a Stephens su presencia al otro lado de la red?

Proporcionemos un poco de contexto con el fin de precisar la importancia y la magnitud de esta interrogante.

Stephens superó con facilidad a su compatriota Madison Keys en su primera final de grand slam el pasado mes de septiembre en el Abierto de Estados Unidos y, de manera similar, despachó a Keys sin mucha resistencia este pasado jueves en las semifinales. Era importante que Halep le dejara claro a Stephens que esta vez no habría puntos fáciles.

En segundo lugar, si bien Halep tenía un récord positivo de 5-2 contra Stephens antes de llegar a la final de este sábado, los dos últimos encuentros (ambos en 2017) se produjeron cuando Stephens todavía estaba recuperándose de una larga baja por lesión. Su encuentro en Washington, D.C., en medio de un de calor y humedad sofocantes, reveló que Stephens aún no se encontraba en una buena forma física y que todavía estaba en el proceso de recuperar un ritmo de juego normal. Stephens se desvaneció en el segundo set después de un primer set muy cerrado. Las dos se enfrentarían nuevamente unas semanas más tarde en Cincinnati, en un torneo interrumpido por la lluvia, lo que obligó a muchas jugadoras a jugar varios partidos en un mismo día. En un contexto de horarios desordenados y ajustados, no solo es difícil, sino imprudente, asignar demasiado significado a un enfrentamiento. Grigor Dimitrov ganó el título de hombres en Cincinnati y todos podemos ver lo relevante que fue esa victoria en los meses siguientes.

Los enfrentamientos directos a veces son importantes, pero no en este caso. Esta vez, Stephens tenía ya una sólida forma física. Esta vez, el torneo tuvo un desarrollo relativamente normal y, en todo caso, Halep fue la jugadora que recibió la peor mano por parte de los organizadores, algo que abordé tras la victoria de Simona en semifinales sobre Garbiñe Muguruza. Stephens gozaba de una serie de elementos que inclinaban la balanza a su favor. Le tocaba a Halep hacerle un partido difícil a la estadounidense.

Este es uno de mis aspectos favoritos del deporte: en el toma y dame de una competición, muchas veces, una de las partes obtiene una ventaja porque le anuncia al oponente que le resultará difícil tener éxito. Cuando esto sucede, el oponente que es superado –y se siente nervioso por haber sido superado– afronta un dilema natural que además debe plantearse internamente:

“¿Será que estoy descuidando u olvidando hacer algo fundamental o es que debo trabajar más duro?”

Por supuesto, esta pregunta es una simplificación exagerada, ya que la respuesta es, a menudo, AMBOS y no uno de los dos. Pero la pregunta nos hace reflexionar sobre la presión a la que se enfrentan los competidores cuando se ven obligados a retroceder a causa de un oponente de calidad. ¿Necesitan revisar todo su juego? ¿O solo hacer pequejos ajustes y seguir confiando en cómo han enfocado el juego desde sus elementos básicos?

La tentación de alguien que se siente superado –como lo estaba Halep en el primer set contra Stephens este sábado– es creer que una revisión total de su juego es necesaria cuando, en realidad, la solución no es en lo absoluto mágica. Si bien Stephens se mueve muy bien en arcilla (porque Stephens se mueve prolífica y fluidamente sobre cualquier superficie), Halep se mueve mejor que ella en arcilla. Una hija de Rumania no se gana un tercer boleto a la final de Roland Garros por casualidad. En contraste, la ascensión de Stephens a un nivel de juego más alto sobre tierra batida tomó más tiempo en madurarse. Luego de un primer set casi perfecto por parte de la estadounidense, Halep, cuyo servicio no representa una gran amenaza y cuyo juego de red no es precisamente una ventaja (no puedes ganar con armas que no tienes), tuvo que poner este partido en las manos de su gran movilidad en arcilla y su voluntad de deslizarse por la cancha más grande del mundo (en lo que a superficie respecta) durante más tiempo que Stephens.

Esto no fue “esperar y rezar por un error”. No, fue más bien una cuestión de “mantenerse firme desde la línea de fondo, jugar con una defensa firme y seguir haciendo preguntas”.

En el primer set, Stephens anunció, con audacia y en voz alta, que a Halep le iba a costar mucho pasar a la estadounidense. Halep pudo haber entrado en pánico e intentar reestructurar radicalmente su juego, pero en lugar de eso, se mantuvo firme e hizo algo aparentemente sencillo, lo mismo que hacen los grandes competidores cuando se les está escapando el juego de las manos: Halep le pasó el problema a Stephens al otro lado de la red. Retó a Stephens a pasarla a ella. Le hizo entender a Stephens que cerrar el partido sería una hazaña muy complicada. 

A principios de este año, en el Abierto de Australia, Halep corrió maratones completos con gran valentía: salvó tres puntos para partido contra Lauren Davis en la tercera ronda y sobrevivió esa contienda ganando 15-13 en el tercer set. Ganó una semifinal épica contra Angelique Kerber, 9-7 en el tercero. Y lo dejó todo en la cancha ante Caroline Wozniacki en la final, pero la danesa había pasado menos tiempo en cancha en su victoria de semifinal ante Elise Mertens y eso le permitió llegar a la final con mejor condición física y mucha más energía, lo que le ayudó a ganar los tres últimos juegos del partido y el título, 6-4 en el tercer set.

Este año, la habilidad de Halep para limitar la duración de su semifinal contra Muguruza –evitando un tercer set– le dio más que suficientes razones para confiar en su forma física contra Stephens. En el primer set, Sloane se lo puso todo difícil a Simona. La rumana tuvo que replantear ese dilema a medida que avanzaba el partido y eso es exactamente lo que hizo. Halep demostró lo mucho que ha evolucionado y madurado como competidora. Mostró el temple de acero que le faltó el año pasado en su derrota ante Jelena Ostapenko en una desgarradora final francesa.

Hablando de ese partido contra Ostapenko, y para sumar a la simetría y poesía del momento redentor de Halep en 2018, la número uno del mundo jugó sus mejores puntos en la precisa ocasión en la que era fácil recordar su caída desde lo más alto hace un año.

Si recuerdan, en la final del Abierto de Francia de 2017, Halep –con set arriba– iba ganando 3-0 en el segundo y tuvo un punto de quiebre en el saque de Ostapenko. Si Halep hubiera ganado ese punto, seguramente habría ganado el partido. Sin embargo, ese punto se le escapó de las manos. Ostapenko, que es capaz de prender fuego al mundo cuando entra en ritmo, comenzó a encontrarle el timing perfecto a sus golpes de fondo, lo que no había podido hacer en el primer set.

Antes de que Halep se diera cuenta, ya estaba nerviosa, dominada y expuesta. Aunque lideró por un set y 3-1 con quiebre arriba en el segundo, Halep no fue la jugadora que hizo las preguntas. Ostapenko se había hecho cargo de esa posición, inclinando el peso de la balanza como se describió anteriormente.

Este año, Halep, una vez más con una ventaja de 3-0 y un punto de quiebre a su favor, tan cerca de su primer título de grand slam, no permitiría que una oponente le cambiara la conversación de nuevo. Esta vez, Halep le pondría un cerrojo al partido, un signo de la transformación que denota a un campeón en todos los sentidos de la palabra.

Halep jugó su mejor defensa para salvar puntos de quiebre en el 3-0 varias veces. Stephens, que comenzó el partido como la jugadora que absorbió todo el ritmo y la potencia de las pelotas que le llegaban, y estableció una ventaja como resultado de ello, se encontró en el lado opuesto de la línea divisoria: ahora era Halep quien encogía la cancha y causaba que toda la extensión de la Chatrier pareciera más pequeña para Stephens. Halep ganó el prolongado intercambio y cruzó el umbral que no logró cruzar hace un año. Después de ese punto para ponerse arriba 4-0, era solo cuestión de tiempo para que Halep superara el último tramo, el que había estado esperando atravesar toda su carrera.

Este torneo de Roland Garros fue difícil para Halep en muchos aspectos que son bien conocidos. El comienzo tardío del miércoles de la primera semana, el cuadro complicado en teoría –con campeonas de grand slam en las tres últimas rondas del torneo– y el muy corto plazo para la semifinal contra Muguruza fueron algunos de los obstáculos que Halep tuvo que superar. Sin embargo, por muy grandes que fueran esos obstáculos, Halep tuvo que recordarse a sí misma que mientras Roland Garros proclamaba: “No te será nada fácil conquistarme, querida Simona”, ella siempre tuvo la habilidad de mirar de frente a este torneo y responderle: “Puede que tengas razón, Roland, pero a ti no te será fácil ignorarme. No está en mis planes ser eliminada aquí”.

Halep cambió constantemente el guion en este torneo, al igual que cambió la percepción de su fortaleza física y mental en Australia, al igual que vengó las dolorosas derrotas ante Sharapova y Ostapenko en el otoño de la temporada 2017.

Este no fue un giro brusco. Fue un proceso puesto en marcha hace varios meses. Algunos no estaban dispuestos a reconocer los pasos evolutivos en cómo Simona Halep reaccionaba mentalmente ante la adversidad, pero cualquiera que hubiera prestado atención sabía que Halep ya había crecido mucho antes de ganar su primer título de grand slam.

Lo que ocurrió el sábado en el segundo y tercer set, en los que prácticamente invirtió la derrota ante Ostapenko con una remontada de un set y un quiebre contra Stephens, no hace más que confirmar todo el crecimiento que ha experimentado Simona Halep a lo largo de su carrera.

La Chica Luchadora ha estado a la altura de su propio apodo durante algún tiempo. El sábado no fue tanto un giro en la trama sino el último en una serie de pasos ascendentes.

No hay más montañas que subir, ya no en el sentido más literal. Simona Halep ya puede dormir como una campeona de grand slam, como lo hizo Wozniacki hace unos meses en Australia.

Por primera vez, en sus sueños habrá sonrisas y lágrimas de alegría.

Image source – Jimmie 48
Advertisement

RG18

NADAL’S OWN NOVELTY

Saqib Ali

Published

on

by

Matt Zemek

The biggest upset at the 2018 men’s Roland Garros tournament was not Marco Cecchinato over Novak Djokovic. It was something much bigger: Through the first six rounds of play, the men produced a better, more interesting, more compelling tournament than the women. That hadn’t happened in a few years. The 2017 Australian Open was great on both the men’s and women’s sides. The last time the men were unambiguously better than the women? If you have a clear answer, good for you, but it won’t come from the past three years. The men have occasionally matched the women and usually fallen short.

At Roland Garros in 2018, the men were better. (more…)

Continue Reading

RG18

WOMEN’S TENNIS: THIS KIND OF SOCIALISM WORKS

Saqib Ali

Published

on

by

Matt Zemek

Socialism sounds good in theory but never ends up well in practice, they say.

“They” obviously aren’t watching women’s professional tennis these days.

Remember when Serena Williams continued and extended her control over the WTA Tour at the 2017 Australian Open, following a 2016 run in which she made three major finals and a fourth semifinal? That 2016 season was also a campaign in which Angelique Kerber reached three major finals and won two. Not a lot of sharing happened on the WTA Tour, and when Serena lifted her 23rd major crown in Melbourne, it seemed that women’s tennis would remain a monarchy run by Serena, not a democracy in which various players had an equal say in the year’s most important tournaments.

Then came Serena’s pregnancy, and in a heartbeat, the WTA became a vast expanse of questions and uncertainties.

We have seen on the ATP Tour how the injury-based absences of top players have created voids — not only in terms of consistent results at majors, but also the overall quality of play. This just-concluded French Open was one of the ATP’s better majors in a while, but over the past two years, men’s tennis at the Grand Slam tournaments has been largely dreary and uninspiring. Most finals have been numbingly predictable snoozefests, and without proven players to take charge in halves or quarters of draws, many random results — “someone will win because someone has to, not because someone is transcendent or special” — have proliferated. The 2017 Roland Garros tournament was like this. The 2017 Wimbledon tournament offered glimpses of such an identity. 2017 U.S. Open was the ultimate representation of this dynamic over the past 18 months. The 2018 Australian Open largely fit this description as well.

Missing the top stars the past 18 to 24 months has noticeably hurt the quality of the ATP Tour, so when Serena had to tend to the task of childbirth, everyone naturally wondered how women’s tennis would respond.

The results have been unpredictable, just as they have been with the men (hello, Sam Querrey making a Wimbledon semifinal; Kevin Anderson playing Pablo Carreno Busta in a U.S. Open semifinal; Hyeon Chung and Kyle Edmund making Australian Open semis; Marco Cecchinato making these just-concluded Roland Garros semis). However, women’s tennis has produced the compelling major finals men’s tennis has failed to deliver. Just compare the two Roland Garros finals we witnessed over the weekend.

More than that, women’s tennis is crowning the new champions men’s tennis is failing to produce.

Since the start of 2010, men’s tennis has created only three first-time major champions: Andy Murray at the 2012 U.S. Open, Stan Wawrinka at the 2014 Australian Open, and Marin Cilic at the 2014 U.S. Open.

Ever since Serena stepped away from the sport in early 2017, the WTA — in a span of five major tournaments — has exceeded the men’s total of first-time major winners this decade.

Jelena Ostapenko last year at Roland Garros; Sloane Stephens at the U.S. Open; Caroline Wozniacki in Australia; and Simona Halep this past Saturday in Paris have all crossed the threshold. If the men — #ATPLostBoys — can’t pass the baton to younger generations just yet, the WTA is doing exactly that, and in supremely entertaining fashion. What is even more noteworthy: The players at the center of the WTA’s balanced distribution of signature championships are removing significant what-if burdens from the sport.

2018 Roland Garros - 24 May

Both Images taken from – Jimmie 48

Ostapenko is the outlier in the group, but Stephens has answered questions about who will be the next American player to follow in Serena’s footsteps — not to the same extent, of course, but certainly in terms of being a constant threat to do well at the biggest events in the sport.

In 2018, Wozniacki and Halep have both removed the eight most oppressive words in tennis or golf from their necks: “Best player never to have won a major.” The unpredictability we all expected in women’s tennis once Serena stepped away has been the happiest, most productive unpredictability one could imagine. The combination of entertainment value and redemptive stories has been off the charts.

The flow of life on the WTA Tour has been so cathartic and inspiring that after Wozniacki and Halep removed burdensome labels from their careers, there’s no similarly acute example remaining of a player currently in contention at majors who is trying to banish her demons. Karolina Pliskova, at 26, is the oldest player without a major in the current WTA top 10. As she gets to age 28 or 29, her story might become more poignant, but as someone who has made only two major semifinals and only one major final, Pliskova doesn’t have the accumulation of memorably painful defeats both Wozniacki and Halep absorbed before those two finally broke through. Wozniacki’s and Halep’s respective triumphs this year carried so much impact because the tennis world was aware how often they had climbed the hill, only to be knocked down to the valleys below. Pliskova’s story doesn’t carry the same weight — not yet. The WTA has written the two foremost feel-good stories it possibly could have authored in 2018.

The one still-active player on the WTA Tour who can legitimately claim to be the “Best Player Never To Have Won A Major” is Agnieszka Radwanska, now 29 years old. However, she is outside the top 25 and hasn’t been a top threat at the majors for roughly two years. (She lost to Serena in the 2016 Australian Open semifinals.) Among active players in contention at the year’s biggest tournaments, no first-time major hopefuls carry the promise of hope or the weight of longing to the degree Wozniacki and Halep offered.

In an age when so many sports teams — internationally and in America — are winning their first huge championships in their respective realms of competition, the WTA is in step with the times. That the WTA’s evolution has coexisted with a high quality of play and gripping major finals shows that this version of socialism — wide and relatively even distribution of resources — works in practice, not just in theory.

We will see at Wimbledon if it continues.

 

Continue Reading

RG18

Testigos de la grandeza

Saqib Ali

Published

on

Briana Foust

Mientras veía a Rafael Nadal intentar completar el tercer set de la final masculina de Roland Garros a la vez que resistía un calambre en su mano izquierda, de repente, comprendí algo que me impactó: cada pequeño detalle debe darse para que un jugador encuentre el santo grial del tenis, también conocido como ganar un gran título de grand slam. No puede haber ningún accidente.

Ningún conductor ebrio, como el que frenó a Thomas Muster, ni un fanático desequilibrado, como el que interrumpió el curso de la vida de Mónica Seles. No puede haber ninguna lesión, como las muñecas vulnerables de Juan Martín Del Potro o ninguna distracción que pueda causar algún problema personal. Ni siquiera se puede sufrir un lapsus de concentración porque eso le abre la puerta a rivales hambrientos que siempre están trabajando para mejorar. (more…)

Continue Reading

Trending